Dominio español

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En el siglo XVI, Chilpancingo era un pueblo indígena habitado por 102 familias y dependía de Zumpango en el aspecto civil y en el eclesiástico. Ubicado en el camino Acapulco – México, era un sitio de remuda, alimentación y alojamiento de los arrieros y comerciantes que transitaban con motivo de la llegada de la Nao de Filipinas. Dicha situación favoreció a los nativos del lugar quienes, gracias a sus servicios, alcanzaron varios privilegios vedados a otros pueblos indígenas, tales como tener caballos, vestir como españoles y no prestar servicios comunales. Propició, asimismo, el crecimiento de la población que rebasó la de los lugares vecinos y proveyó de mayores ingresos a sus habitantes.

Para mediados del siglo XVII, Chilpancingo había crecido de tal manera que tenía mayor número de tributarios que Zumpango y gestionaba su separación de éste. Sus esfuerzos fructificaron el 30 de agosto de 1693, que el virrey Gaspar de la Cerda Sandoval y Mendoza lo elevó al rango de pueblo cabecera y le autorizó elegir a sus propios gobernadores, alcaldes y oficiales de república, es decir a su Ayuntamiento, quedando dependiente de la Alcaldía Mayor de Tixtla. En lo eclesiástico continuó unido a Zumpango y a Huitziltepec cuya cabecera de parroquia, sólo en teoría estaba en Zumpango pues, en los hechos, los párrocos siempre vivieron y atendieron en Chilpancingo.

La ubicación de Chilpancingo en uno de los tramos comerciales más importantes de Nueva España atrajo a personas de diversos grupos sociales y étnicos a residir en dicha población, algunos interesados en el comercio y convencidos por el buen clima. Otros visualizaron la oportunidad de invertir en más ramos y se hicieron, también, propietarios. Así, para 1743, convivían en este lugar 353 familias indígenas y 121 de diversos grupos como españoles, mestizos y mulatos. Los integrantes de las familias no indígenas sumaban 900 y eran más numerosos que los de Tixtla, la cabecera de la Alcaldía, de tan sólo 573 individuos.

La economía de la población seguía girando alrededor de la llegada de la Nao de Filipinas a Acapulco. Dichos quehaceres redundaron benéficamente en los ingresos económicos de los chilpancingueños pues, hacia fines de esa centuria, Chilpancingo era uno de los pueblos del sur de Nueva España con mayor monto de inversiones destinadas al comercio con Oriente, superando a Tixtla, Chilapa, Tlapa, Zumpango, Iguala, Tepecuacuilco, Taxco, Teloloapan y Tecpan. Más aun, entre 1775 y 1778 sus comerciantes ocuparon el cuarto lugar en ingreso de caudales de la Nao, sólo abajo de los de México, Puebla y Valladolid y arriba de los de Oaxaca.

Los habitantes de Chilpancingo colaboraron activamente en la vigilancia de las costas de la Mar del Sur, ante la amenaza de los ataques piratas en el tiempo en que arribaba la Nao de Filipinas y, más tarde, por el riesgo de que Inglaterra extendiera sus dominios a costa de las colonias españolas. Así, 1742 se alistaron 184 chilpancingueños que permanecieron acuartelados en el Fuerte de San Diego por más tres meses y, en 1781, cuando se formó el Regimiento Provincial de Infantería de la Costa del Sur, en Chilpancingo se formaron tres compañías de milicias, entre cuyos oficiales estuvieron Casimiro, Miguel, Víctor y Leonardo Bravo.

Para 1792, los habitantes de Chilpancingo se habían duplicado y los españoles europeos y americanos así como los castizos, mestizos, pardos, mulatos y negros alcanzaban la cantidad de 381 familias con 1,866 personas. En su mayoría era gente nativa del lugar, pero sus orígenes se remitían a los lugares más variados, tanto del exterior de la Nueva España como Europa, las Islas Filipinas, Perú y Guatemala, como de otras provincias al interior del país como Puebla, Valladolid, Cuautla, Zacatlán de las Manzanas, Toluca, Tehuacán, Zacualpan, Tenancingo, Cuernavaca y México, o del mismo Sur como Tixtla, Chilapa, Acapulco, Tepecuacuilco y Taxco.

Los indígenas de Chilpancingo, debido a que en 1710 la Corona les había concedido la composición de 13 caballerías de tierras, que se sumaron a las 600 varas, por cada rumbo, de su fundo legal y a cuatro sitios de ganado mayor que ya poseían, prefirieron salir del asentamiento urbano y, paulatinamente, fueron a habitar en el área rural, donde tenían sus tierras comunales y realizaban sus actividades agrícolas y ganaderas. Dicha extensión abarcaba prácticamente dos tercios del actual municipio de Chilpancingo.

Con el auge del comercio y el crecimiento de la población, la división del trabajo se fue haciendo más compleja y a las actividades de la agricultura, la ganadería y la arriería, se sumaron las de comerciantes, curtidores, zapateros, albañiles, carpinteros, sastres, tejedores y bordadores, además de correos, milicianos y funcionarios de la Corona como: recaudador de alcoholes, encargado de justicia, encargado del camino México-Acapulco y administrador de tabacos. Aumentaron los dueños de ranchos, haciendas y zangarros o trapiches y, para ese año de 1792, cabe mencionar, había un maestro de escuela, Joseph Zamora, con 400 discípulos.

Colaboración : María Teresa Pavía Miller
Centro INAH Guerrero

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